22 de octubre de 2009

Amor y provocación

"Pocas provincias otorgan a la escuela el respeto que hemos conocido en Soria. El Burgo de Osma solo tiene un monumento público, y este no está dedicado a ningún héroe, mecenas o personaje poderoso, sino a un maestro de escuela." (Dionisio RIDRUEJO. "Castilla la Vieja")


Como en la frase atribuida a Bernard Shaw o a Edgard Poe, yo también interrumpí mi educación para asistir a la escuela.
Había allí, junto a un puñado de niños de uno y otro sexo, unos licenciados (porque tenían licencia) a los que no llamaré maestros. Para mi el maestro debe amar a sus discípulos y provocarlos, en el buen sentido, para que sientan curiosidad por las cosas, por aprender. Aquellos licenciados ni nos querían ni nos provocaban, así que no siento que fueran maestros, ni profesores, palabra esta que debe estar un nivel por debajo, pues en un momento indeterminado todos los maestros pasaron a ser profesores, y entonces me pareció, y me lo sigue pareciendo, que los habían degradado por falta de merecimientos.

Todos aquellos licenciados de mi infancia en Berlanga desparecieron sin levantar mucho polvo cuando sus practicas pedagógicas se tornaron políticamente incorrectas. Recuerdo al licenciado García que nos llenaba los brazos de cardenales y que nos ponía en los pupitres de espaldas a su mesa (eso si que era provocar). Algunos de los mas débiles de nuestros condiscípulos todavía arrastran el trauma de aquellos tratos vejatorios. No había semana en que el licenciado Sobrino no inflase a hostias a algún cuitado que no se hubiera aprendido de memoria el catecismo. Así se enseñaba la religión entonces. Ninguno de aquellos licenciados funcionarios del Estado se integró en la vida del pueblo; estaban para hacer el trabajo sucio. Quiero salvar de esta quema a Don Ángel; en todo hay excepciones. El si estaba integrado en la vida del pueblo. Aquí se casó y tuvo hijos, y cuando se jubiló se quedó con nosotros y siempre fue una persona afable y educada que contestaba con un "que hay, majo" y una sonrisa, cuando se le saludaba.

Me gustaría conocer la historia de ese maestro del Burgo que tiene un monumento en los jardines de la antigua Universidad, y que ya tiene mas competencia que en los tiempos de que habla Dionisio Ridruejo , porque, que yo sepa, hay otros dos monumentos, uno a san Pedro de Osma y otro a un torero. También sería bueno saber de la vida de Don Pedro Carpintero, que tiene una calle en Berlanga, al que no se por qué, me imagino en blanco y negro con el traje típico berlangués y rodeado de una purriela de niños con el pelo rapado, a los que está dando una charla al estilo de aquellas "Clases de Juan Arevaco" que escribía Carmelo Romero en la prensa provincial. Lo supongo bueno y honrado, como uno de los artífices de que Soria siempre fuese una de las provincias con menos analfabetismo, mal pagado como hasta tiempos recientes estuvo el oficio de maestro escuela y sin tener que recurrir como los susodichos al chantaje de "las permanencias" impuesto revolucionario por una o dos horas extraordinarias, igual de vacías e inutiles que las ordinarias, que tenían el único propósito de incrementar las rentas del licenciado.
Afortunadamente uno acaba encontrándose con maestros de verdad que le compensan de aquellos estados carenciales. Se produce entonces el milagro alquímico de la transmisión del conocimiento.

Se puede ver en Bordecorex, una escuela, tal como la dejaron los últimos niños y el último maestro.
Y en Berlanga se encuentra también el CEINCE (Centro Internacional de la Cultura Escolar), dirigido por el catedrático Agustín Escolano, en cuya casona de la calle Real está la sede del Centro (fotos) y seguramente la mejor colección de España de libros de texto.

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