19 de septiembre de 2012

Desde las alturas

No dejamos las alturas para seguir proponiendo rutas alternativas para aprovechar este final de verano o cualquier otro principio o final de cuando sea.

Dijo Edward Abbey que caminar requiere más tiempo que cualquier otra forma de locomoción, excepto reptar. En consecuencia, dilata el tiempo y prolonga la vida, que ya es de por sí demasiado corta para desperdiciarla con la velocidad… Caminar hace que el mundo sea mucho más grande y, por ello, más interesante, ya que uno tiene tiempo para observar los detalles. 

Nos acercamos a esta moderna red de atalayas vigilantes, aunque no belicosas, que son los vértices geodésicos. Algunos de ellos se han colocado en los mismos lugares donde se levantaron hace mil años aquellas otras torres vigías. Las sensaciones, una vez perdido el miedo a que venga el enemigo, son de lo más recomendables: se camina, se respira, se airea una a los cuatro vientos, se aleja uno de los paisajes habituales para verlos con otra perspectiva, se repara en la pequeñez de lo mundano y se disfruta de los límpios cielos de esta parte del mundo.
El vértice geodésico es una señal que nos indica la altura exacta de un punto sobre el nivel del mar. Están siempre en lugares altos y despejados donde la panorámica es amplia hacia todos los puntos cardinales. 

Están por todas partes. En España hay unos 11.000. Se comunican visualmente unos con otros y sirven para realizar mediciones topograficas con precisión. Suelen ser cilindros de 120 cms. de altura colocados en un pedestal de hormigón.

Por estar a la intemperie en sitios despoblados, en los años 70 se hizo una ley que los protegía del vandalismo o de las construcciones que estorbasen su función, encargando su custodia a los ayuntamientos en cuyos límites estén colocados.
En el término de Caltojar, hay 5: 
Covatilla, a 1.131 m. 
Valdeciruela: a 1.100 m. entre Caltojar y Cabreriza 
Rayuela, a 1.111 m. por el camino de Casillas a Rebollo. 
Taragudo, a 1.121 m. entre Caltojar y Velamazán. 
Lutero, en el cerro de Bordecorex, a 1.126 metros 

En el término municipal de Berlanga, otros cinco: 
Abanco, a 1.280 metros, 780 m. al poniente.
Andaluz, en lo alto del portillo, a 1.027 m. 
Cabeza Rivilla, a 1.149 m., entre Brías y Morales. 
Coborrón, en lo alto de este monte, a 1.047 metros. 
Matoneta, a 1.134 m. entre Cabreriza y Arenillas.

En Aguilera (término de Bayubas de Abajo)
Cabezo Grande, en lo alto de este pico, a 973 metros 

En el término de Bayubas de Arriba: Carralbao, a 1.007 metros 
En el término de La Riba: El Rancho, a 1.129 m. 
En el térmnino de Arenillas: El Alto de la Cabeza, a 1.159 m. 

En el término de Barcones:La Atalaya, a 1.126 
5 kms. al W de Barcones, en el término de Romanillos hay otro llamado: 
La Vara, a 1.273 m. 

3.500 m. al suroeste de Lumías, en término de Torrevicente (Retortillo), el de:
Mariota, a 1.235 m. 

Entre Rebollo y Velamazán esta el de Las Viñas, a 1.040 metros. 

Hay uno en lo alto de una almena del castillo de Gormaz, a 1.057 metros y muchos otros cercanos cómo el de Lotero, a 1.032 m., entre Torreandaluz y Valverde de los Ajos, o los dos que hay en la Sierra de Miedes a casi 1.500 metros, con resonancias del paso del Cid: Cabeza Alta y Torreplazo.
Más información en la página del Instituto geográfico nacional o en la del Radioclub Henares. 

18 de septiembre de 2012

El Tiñón a vista de grulla

Publica nuestro amigo de Sigüenza FOTOHEXICOPTER, en su página de Facebook, estas bellas imágenes de la Torre del Tiñón, de Rello, a vista de grulla.

Esta atalaya musulmana, síngular tanto en su traza como en su historia, es una de las pocas de la comarca que han sido restauradas y mantiene un porte majestuoso y desafiante en estos campos solitarios, a más de mil metros de altura, oteando los horizontes de las dos provincias hermanas.

Esperamos ansiosos nuevas incursiones de este artefacto volador por los monumentos y paisajes de nuestra Tierra.


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5 de septiembre de 2012

Miré los muros...

Interesante reflexión de Elvira Huelves, vieja conocida de Radio 3, en el periódico CuartoPoder (5 de setiembre de 2012), sobre nuestro patrimonio cultural.
Una pared entera de la torre gótica de la iglesia de San Esteban de Valdespina, en Palencia, se ha derrumbado delicadamente para no destruir el tejado de esa iglesia, de planta románica, que conserva muchas obras de arte en su interior. Con sumo cuidado, la torre, vencida por el tiempo y el abandono, ha dejado caer, piedra a piedra, todo el muro sin que ninguna persona o animal haya sufrido heridas, sin que ninguna casa vecinal haya sufrido daños, excepto un corral que alojó los escombros. Qué detalle por parte de la torre del siglo XIV. Qué pena que las autoridades correspondientes no tengan esa misma sensibilidad con ella.

A pesar de las cartas internacionales de restauración, cuyos acuerdos empezaron en la reunión de Atenas, en 1931, y a los que siguieron muchos más, el último, en Creta, 2000, el compromiso ético de la conservación arquitectónica en España parece seguir bastante relajado. Se le pueden echar las culpas a la crisis, que se ha vuelto el ogro que lo explica todo, pero la cosa es más antigua y tiene que ver con la escasa sensibilización de la sociedad española –con sus dirigentes a la cabeza, dando ejemplo- hacia las delicadas formas de civilización y cultura que construyeron los antepasados. Que en España parece importar más el aspecto físico de nuestros representantes, con sus liturgias y sus coches oficiales para no quedar como pobretones ante la rica Europa, que la dignidad de nuestros templos. Será para que no nos tomen por misorreros, yo qué sé. Quevedo sí lo sabía.


Según UNESCO, Italia tiene más monumentos que son Patrimonio de la Humanidad que España, pero aquí no estamos tan lejos de ese admirable país en número de bienes culturales. En concreto, la comunidad de Castilla y León tiene el triple de bienes en peligro que otras comunidades, como Castilla La Mancha, Aragón o Andalucía. La vieja Castilla tiene 1.800 bienes de interés cultural declarados. Si a la Iglesia –como ha dicho el ecónomo de la diócesis de Burgos, Vicente Rebollo- le queda grande el gasto que supone restaurar sus bienes, que son muchos, a lo mejor podría la Iglesia ceder esos bienes por mor de su conservación a quien sí pueda gastarse ese dinero.

Ante la pasividad y las excusas que suelen poner los administradores, la gente se las ingenia para tratar de que no llegue la sangre al río. En Fuentespreadas (Zamora) los vecinos organizaron un mercado romano para sacar el dinero con que rehabilitar un muro de su iglesia. Otros, en Ituero de Izaba (Salamanca) custodiaron en sus casas las obras de arte que peligraban por las goteras de la iglesia, hasta arreglarlas, a base de apoquinar de los bolsillos del vecindario. En Aldehuela de Periáñez (Soria) –por lo general son pueblos pequeños- subastaron arte que sus autores cedieron desinteresadamente para arreglar la instalación eléctrica y otras chapuzas que tenía pendientes su iglesia. En Tartanedo (Guadalajara) el pequeño ayuntamiento buscó la colaboración de la Universidad Politécnica de Valencia, cuyos alumnos de Conservación han restaurado el retablo barroco de la iglesia del pueblo. Y así. Pero la lista es larga y algunos monumentos están para el arrastre, con perdón por usar un término taurino. Seguro que quien lea esto tiene en mente una ermita o un monasterio en malas condiciones; en Hispania Nostra piden colaboración a la gente común y corriente –que, al final, es la que funciona- para denunciar esos casos.



Y aunque la susodicha asociación conserve los tintes aristocráticos, un tanto pijos, de sus orígenes, convendrán ustedes conmigo en que, si su labor es fructífera ya merece la pena colaborar sacudiéndose previamente los prejuicios, que pesan y dan la lata. Su actual presidente, Araceli Pereda, ha dicho hace poco a El Cultural que se pierde más patrimonio en tiempos de bonanza que en las guerras; y no le falta razón. Miles de ejemplos en España muestran las barrabasadas de los pueblos en los que crecían como hongos las fachadas de casas alicatadas hasta el techo con azulejos de cuarto de baño y ladrillo feo visto. Para no hablar de las restauraciones fallidas que han estropeado circos romanos y fachadas de alcázares. Sería un no parar.

Por eso es bueno conocer las asociaciones a favor del patrimonio que proliferan y funcionan de variada manera, como la ADEPA más empeñada en denunciar que en promover acciones de conservación, o bien otras más profesionales como la AEGPC. Habrá miles de pequeñas asociaciones con las que colaborar. En otros países, cuya educación ha incluido desde la infancia el amor por lo propio, la participación en este tipo de actividades está generalizada. En España, a pesar de los ejemplos antes apuntados, padecemos esa carencia, como pasa con el paisaje, según se trató en cuartopoder.es hace algún tiempo. Nos gusta volver a ello. Nos gusta este país.

3 de septiembre de 2012

Capitulaciones matrimoniales 1820

Alberto Gamarra, vecino, amigo y administrador del blog de Bordecorex, nos envía para compartir en el blog, las fotografías de un interesante documento histórico que encontró casualmente en el Archivo Histórico Provincial de Burgos mientras realizaba una investigación de índole totalmente distinto. 

Citamos a Alberto: "Se trata de unas capitulaciones matrimoniales entre Andrés Abad, soltero natural de la villa de Berlanga de Duero, y Narcisa de la Peña del mismo estado natural de esta ciudad (Burgos) realizadas en 1820. Andrés Abad había nacido en 1793 en Berlanga y era hijo de Andres Abad y de Josefa Ramos, naturales y vecinos de Berlanga. El dicho Andrés era soldado en el batallón de infantería del Regimiento Imperial de Alejandro, un cuerpo del ejercito con un origen muy interesante. 





Básicamente este tipo de documento notarial se ejecutaba para constatar que los contrayentes no están casados, de ahí que aparezcan las declaraciones de su superior en la milicia, Leopoldo O´Donell y en su nombre otro militar de ascendencia irlandesa, así como del parroco de Berlanga, Francisco Rubio, quienen certifican que Andrés no ha contraido matrimonio con anterioridad".  

Te paso la cita completa del documento: "AHPB, Protocolos, 7422/2, ante Inocencio Moragas, 16 de mayo de 1820, folios 113-115, Capitulaciones matrimoniales Andres Abad, Soltero natural de la villa de Berlanga de Duero y Narcisa de la Peña del mismo estado natural de esta ciudad".